El (maravilloso) futuro de las escuelas de negocio

Antes de comenzar, un vídeo:

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¿Por qué se aburren en la escuela?

 

Las escuelas de negocios nacieron para dar una respuesta a una demanda que las empresas tenían, profesionales capaces de enfrentarse a retos prácticos poniendo en marcha los conocimientos adquiridos.  Las universidades llenaban el contenido de datos y más datos, teoría y más teoría, pero no enseñaban como usar esos conocimientos en la vida profesional. Así, a través de una revolución metodológica basada en el estudio de casos, comenzaron a labrarse un prestigio educativo como centros de alto rendimiento y por ende, como la mejor forma para encontrar un trabajo.

Sin embargo, la evolución de la economía industrial hacia una economía de los servicios y en mayor medicada cada vez más, hacia una economía del conocimiento, el reto al que se enfrentan las escuelas de negocios es a preparar profesionales y futuros directivos para desempeños laborales que a día de hoy se desconocen por completo. ¿Cómo seguir manteniendo su liderazgo?

Se trata al fin y al cabo de responder a la cuestión de si los actuales modelos de negocio que desarrollan las escuelas de negocio, serán viables en un futuro. Evidentemente, debido a que las profesiones del futuro nos son desconocidas a día de hoy, la respuesta es clara, no.  ¿Qué hacer entonces?

Las escuelas de negocios siempre se han caracterizado por entender muy bien las necesidades que el empresario demandaba, y daban una respuesta eficaz, es decir, ofertaban aquello que las empresas necesitaban.  Es ahí donde deben centrar sus esfuerzos, en seguir leyendo y entendiendo a la perfección lo que la empresa demandará en el futuro, pero, cómo hacerlo si desconocemos los profesionales que la misma necesitará.

Una economía del conocimiento, que es donde los trabajadores van a desarrollar sus carreras profesionales, tiene por mantra una palabra, cambio. Las necesidades del mercado se transforman cada vez más a mayor velocidad y las exigencias de las nuevas tecnologías exige que los profesionales desarrollen las siguientes características:

  • agilidad: rapidez de adaptación a los retos y cambios.
  • flexibilidad: la capacidad para hacerlo de diversas formas
  • creatividad: la capacidad de encontrar soluciones nuevas y diversas, valorando de forma importante aquí el pensamiento divergente o pensamiento lateral.
  • adaptabilidad: la habilidad de interiorizar los cambios con el menor estrés posible.
  • inteligencia emocional: será clave conocer y entender los procesos emocionales para crear entornos de trabajo con baja conflictividad. El tiempo dedicado a resolver disputas es tiempo donde la empresa pierde dinero.
  • liderazgo: las nuevas formas de trabajo como el teletrabajo, el trabajo por proyectos, equipos sin jefes, hace necesario que el empleado se convierta en una especie de líder de si mismo y de sus compañeros (liderempleado). Se tratará de un liderazgo compartido, que se ejercerá en los momentos que el proyecto lo necesite.
  • colaboración: la economía de las cosas se basa principalmente en la colaboración. El conocimiento es algo disperso e imposible de centralizar por mucho que se acaben desarrollando las técnicas de big data. Habrá que tener claro que información no es lo mismo que conocimiento y éste se obtiene en mayor medida gracias al trabajo de equipos con talentos múltiples (ver entrada sobre inteligencias múltiples).

Y esas son las clave de las futuras escuelas de negocio. En sus diferentes currículos, además de los conocimientos pertinentes, deberán introducir el fomento de una serie de actitudes que marcarán la clave del éxito profesional de sus estudiante. Sin embargo, también tendrán que adaptar sus modelos a esos retos. Personalmente creo que las escuelas deben reconvertir sus ideas de negocio hacia proyectos de una educación integral, convirtiéndose en escuelas de alto rendimiento.

Para ello, las respuestas que deberían consideran son:

  • Ampliar los rangos de edad de sus clientes: aumentando los rangos de edad de su alumnado, es decir, aceptando a gente más joven y fomentar planes de adaptación para alumnos de perfil senior, ya que los futuros directivos se encuentran a día de hoy en pañales, pero también, muchos de los directivos de hoy, tendrán que enfrentarse dentro de nada, a esos nuevos retos y no han sido preparados para ello.
  • De escuelas de negocio a escuelas de alto rendimiento: ya no sirve solo enseñar una forma determinada de management y ciencias de la empresa, sino también una serie de aptitudes y habilidades, parte esencial del talento.
  • Un modelo de “full education”: adaptado a las necesidades del alumno, las 24 horas del día, en cualquier lugar del planeta y en los canales que el cliente demande (onmicanalidad).
  • Outsourcing educativo: Las necesidades de la empresa se conocen estando en contacto con el mundo empresarial. A día de hoy, muchas de ellas han decidido por crear sus propias universidades y centros formativos, sin embargo, aunque muchas tengan la capacidad para llevarlo a cabo, otras no y es ahí donde deberán estar atentas para dar respuesta a esas necesidades.

El futuro de las escuelas de negocio se halla al fin y al cabo, en volver a unir aquello que la escuela tradicional logró:

la disociación del intelecto de la emoción

Ken Robinson

 

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