Contra los que añoran: a favor de Amazon

En España no nos gustan los ganadores, forma parte de nuestro acervo cultural, relacionamos inmediatamente el triunfo con la picaresca y las malas artes para alcanzar la gloria, por lo visto somos incapaces de entender y comprender que cuando una idea empresarial alcanza el éxito de Amazon, por ejemplo, es porque ha sabido dar respuesta a una demanda que los consumidores estaban esperando satisfacer y nadie había sido capaz de hacerlo antes. Y si ya en este país recelamos de la victoria, más recelan aún los intelectuales que se enfundan el papel de salvadores de las esencias y lo añejo, conservadores de la praxis mientras claman ser progres de lo social, palabra comodín con el que todo lo visten, aunque sigan desnudos. Entran aquí los escritores, actores, periodistas y demás gentes de eso que en algún momento hemos decidido llamar cultura. Gentes que dicen mirar por el bien de todos, pero que como pocos, muestran el peor lado del egocentrismo y suelen alzarse como profetas de un modo de vida, de su modo de vida, el cual consideran bello, sabio y justo al más puro estilo platónico, que defienden con un estilo melancólico y bucólico, entre añoranzas y pesares, como si cualquier tiempo pasado fuera el mejor, pero sólo si es su tiempo, un pesar y dolor por esa magdalena que muchos nunca han catado, pero que como al protagonista, huelen y recuerdan, como si hubieran estado leyendo a Proust en el mismo Swan. En resumen, o como yo o nada.

Y un ejemplo de esa morriña es la que destila Don Jorge Carrión en Contra Amazon: siete razones / un manifiesto publicado en la revista Jot Down. Aviso a navegantes, este artículo no es un ataque al autor, que está en todo su derecho a escribir y defender las ideas en las que crea, es más, conozco un poco  la obra del Sr. Carrión y he disfrutado de Liberarías y tengo pendiente leer su tetralogía Las huellasSin embargo, su artículo contra Amazon es un ejemplo más como una parte de la intelectualidad se llena de contradicciones y prejuicios contra el éxito y defienden un modo de vida que es su modo de vida, sin entender que existen otros más allá de su personalidad. Por eso, ofrezco yo mis siete razones a favor de Amazon.

 I: Porque no quiero ser cómplice de ninguna expropiación.

El argumento que fluye por debajo de esa “expropiación simbólica” que defiende el Sr. Carrión, es que el edificio modernista pierda su valor arquitectónico porque deje de ser utilizado por una editorial y pase a ser utilizado por Amazon no tiene sentido. No lo tiene porque para empezar, Amazon no ha realizado ningún tipo de expropiación y menos aún, puede practicarse una de tipo simbólico. Solo puede expropiarse lo que es propiedad privada y luego pasa a ser de titularidad pública.  Extraña además que su antiguo usuario, la editorial Gustavo Gili que es una empresa privada, sea un propietario más digno que otra empresa privada como es Amazon.

II: Porque no solo hay robots en Amazon.

Arguye el autor del artículo “el trabajo que deben realizar los empleados de Amazon es robótico.”, haciendo referencia a la labor mecanizada y en cadena que caracteriza a los trabajadores de Amazon. Sin embargo, esa forma de actuar no muy diferente de la que se puede vivir en una gran editorial como Planeta o Random House Mondadori o de una cadena de montaje que hace bicicletas, coches, sillas, móviles o cualquier otro producto de consumo. En este sentido, no entiendo porque Amazon debe trabajar de una forma diferente, cuando incluso su organización del trabajo no es tan lejana incluso a la del mundo del libro que tanto defiende el Sr. Carrión.

III. Porque rechazo la hipocresía del autor.

Estoy más que seguro que el autor defiende la libertad de expresión como escritor y periodista, pero no cuando la expresión de esas ideas son contrarias a las suyas. Tema además candente por las recientes sentencias en nuestro país el uso de las redes sociales y la ley “mordaza”. Personalmente, no creo que los libros sean peligrosos, pero si las personas que los escriben y los leen. Criticar a Amazon por vender el Mein Kampf y no hacerlo porque vende obras de Lenin, Stalin,  el Che o el propio Libro Rojo de Mao es pura hipocresía. Es muy fácil criticar el antisemitismo, pero no ser capaz de entender que, por ejemplo, el Talmud no deja en buen lugar los derechos de la mujer.

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IV: Porque el imperio no es Amazon, sino el Estado y V: Porque no quiero que me espíen en ningún momento

El autor se lamenta de que Amazon tenga los datos de sus clientes y comenta los peligros de que así sea, cuando es tan fácil con no ser cliente de la empresa para que no los posea, o hacer uso de la ley que permite que sean borrados de sus archivos. Sin embargo, no existe forma legal de desaparecer de los ficheros de datos del verdadero enemigo del individuo y su libertad y seguridad, el Estado. El Estado conoce todo de cada uno de nosotros y además, dictamina las leyes para que así sea. No hay peor ni más peligroso enemigo de la intimidad de cada uno de nosotros, que el estado en el que vivimos, bajo esa mentira tan escandalosa de que es por nuestra propia seguridad. El imperio, no está en la sonrisa, ni en la f, ni en la manzana o los doodles sino en la burocracia que nos invade y nos ha encerrado, más que nunca, en esa “stahlhartes Gehäuse” o jaula de hierro weberiana que nos reconforta y da calor como el establo que tanto denunció Nietzsche.

VI: Porque defiendo que cada uno vaya al ritmo que desee.

Escribe el Sr. Carrión: “El deseo debe durar. Hay que ir a la librería; buscar el libro; encontrarlo; hojearlo; decidir si el deseo tenía razón de ser; tal vez abandonar ese libro y desear el deseo de otro; hasta encontrarlo; o no; no estaba; lo encargo; llegará en veinticuatro horas; o en setenta y dos; podré echarle un vistazo; lo compraré finalmente; tal vez lo lea, tal vez no; tal vez deje que el deseo se congele durante días, semanas, meses o años; ahí estará, en el lugar que le corresponde en la estantería correspondiente; y siempre recordaré en qué librería lo compré y cuándo.”

Y digo yo, si, tiene razón, pero también la tiene el que quiere hacer justo lo contrario de lo que él marca. Hay que separar la lectura del bibliófilo, porque no todos amamos el libro como objeto ni todos entendemos el sello como un filatélico. Y lo digo declarándome un amante del libro como objeto. Como al Sr. Carrión, me encanta perderme por una librería, recorrer sus estanterías, dejarme inundar por el olor a libro, por sus cubiertas, sus lomos, sus tapas. Adoro pasar mis yemas por las diferentes encuadernaciones, sentir el tacto del papel, el aroma de ese libro que aún no conocemos y el cual nos acompañará durante un tiempo o para el resto de nuestras vidas. Pero también defiendo que no todos tenemos acceso inmediato a una librería bien dotada y con un amplio catálogo, que muchas poblaciones ni siquiera cuentan con una y que Amazon me sirve en cualquier parte del mundo donde me encuentre, ese libro que tanto deseo y quiero leer. Defiendo el derecho del lector que vive en lo rural y no tiene otra forma de acceder a la lectura, que Amazon se lo lleve a donde sea y de la forma más rápida posible, porque también los que no vivimos en una urbe, tenemos derecho de acceso a los libros.

VII. Porque yo tampoco soy ingenuo.

Defiendo que cada uno adquiera la cultura de la forma que desee adquirirla, porque no hay mejor o peor medio, ni buen o mal producto, sino aprendizaje y disfrute. Felicitó al Sr. Carrión por su lucha contra lo que el considera su enemigo, pero espero que también, como persona no ingenua, se percate de que el enemigo no es ese al que todos dicen señalar, sino ese otro al que nadie señala y todos reverencian en mayor o menor medida y que llamamos Estado.

Además, porque considero que no hay tiempos mejores ni peores, sino diferentes, porque cada generación tiene el derecho a construir sus pequeños placeres y vivirlos como decidan. No lleno mi saco de añoranzas, ni pesares, ni morriñas sino de esperanzas y nuevas formas de vivir, las cuales podrán convencerme o no, pero no por ello, voy a dejar que los demás las vivan y experimenten.

Estar a favor de Amazon, es estar a favor de la libertad, estar en contra de Amazon, también, pero desear que no exista y defender una opción y no permitir que otra persona pueda decantarse por otra, es todo lo contrario a la libertad.

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